IV Jornadas de la Asociación Aragonesa de Sociología: Las costuras de la modernidad

Más allá de la sociología

José Ángel Bergua Amores – Presidente de la AAS

Los próximos cinco jueves del mes de Mayo la Asociación Aragonesa de Sociología celebrará sus IV Jornadas, esta vez con la intención de discutir y debatir la clase de remiendos que necesitan las viejas y desgastadas costuras de la Modernidad. Sin embargo, tampoco sería mala idea terminar el deshilachado y liberar lo que quedó apartado junto con lo que, aun representado, ya no se reconoce en el orden que tenemos.

Apenas un siglo después de que Comte inventara la Sociología y de que los pioneros comenzaran a trabajarla a partir de conceptos y constructos derivados de las revoluciones industrial y francesa, Daniel Bell nos informaba en 1954 del nacimiento de la sociedad postindustrial y menos de tres décadas más tarde ya se ponía en cuestión la propia idea de modernidad, provocando ambos fenómenos que la sociología, nacida por y para esta convulsa época histórica, se quedara no sólo sin objeto sino también sin fundamentos o principios para tratarlo. Por eso, disertar a estas alturas del siglo XXI acerca de los descosidos y tomateras de la sociedad moderna no tiene mucho sentido.

Lo más importante y pendiente de pensar es que, con el fin de la modernidad, se termina un largo eón histórico, aparecido en Grecia, en el que la sucesión de distintos principios metafísicos en otras tantas épocas, ha culminado con la desaparición de la posibilidad de cualquier principio. Este asunto, que en realidad lleva progresando en nuestra civilización desde su nacimiento en Grecia, ya fue señalado hace un siglo. Spengler, por ejempló, alarmó al continente europeo con un best seller en el que disertó sobre la decadencia de Occidente y en esa misma época Heidegger comenzó a explicar la razón del irreversible ocaso de nuestra civilización.

Del mismo modo que la filosofía nace con el olvido del ser, así la historia de la Sociedad occidental, arquetipo o modelo que influye en cada vez más sociedades o dimensiones de ellas en el mundo, es la historia de otra falta de memoria. Si el olvido del ser consiste en desactivar cierta presencia por el procedimiento de convertirla en mera re-presentación metafísica, el olvido de ciertos socius fundacionales tiene que ver con la suplantación de otras tantas presencias. Y del mismo modo que la retirada del ser es ocultada con el verbo “ser”, así también las retiradas de los socius son ocultadas por el paradójico procedimiento de apelar de un modo vacío y fugaz a ellos.

Uno de esos socius tiene que ver con las gentes, permanentemente apeladas y traicionadas, a la vez que resistentes y evasivas, desde la democracia griega, pasando por la referencia a los gentiles en el cristianismo, hasta llegar a las democracias modernas. Téngase en cuenta que, en estas, el sistema ha ido progresivamente regulando y reglamentado la participación hasta convertirla en un trapo, los actores políticos principales se han ensimismado y en el gentío, inicialmente tan deseoso de saltar a la arena política, ha aumentado la abstención, disminuido la afiliación y empeorado su opinión sobre este invento moderno.

 

Aunque lo “imposible” es una palabra que puede servir para designar y así forzar las cosas en esta época donde los arkhés o fundamentos han dejado definitivamente de valer, tampoco la “anarquía”, opuesta al fundamentalismo o arkhismo, es un mal término, pues designa la voluntad de adherirse a la liberación del mundo y de sus cosas provocada por la pérdida de los fundamentos. Sin embargo, en general, las ciencias sociales no son capaces de ver más allá de los límites con los que han de-finido el mundo encerrándose dentro de él. Tienen un carácter tan empobrecedor como el del psicoanálisis, según la crítica que le dirigiera Reich, pues si bien descubrió un deseo sexual cuya represión provocaba enfermedad, no propuso liberar la praxis sexual sino tan sólo hablarla. Del mismo modo, la democracia no permite liberar mucha actividad reprimida, tan sólo decirla, tal como ocurre con el consumo de drogas o el derecho de autodeterminación. En fin, que los parloteos del psicoanálisis y de la democracia son aperturas desde contraproducentes a muy leves ante la des-definición y des-encierro que insinúan e incluso prometen.

 

Pero estos son asuntos menores frente a la anarquía postfundacional en la que estamos. Ojalá seamos capaces de crear un saber que esté a su altura. ¿Lo lograremos en Mayo?